Si en los años 80, una época en la que los videojuegos aún no habían alcanzado la popularidad —y hegemonía— que disfrutan en los últimos años, existía un juguete que prácticamente todos los niños desearan encontrar junto a su zapato en la mañana de Reyes, ese era el Scalextric. Aunque, como casi todos los niños, yo también era un apasionado de esas pistas de coches cuyos mandos empezaban a oler a cable quemado apenas cinco minutos después de comenzar a jugar sin que por ello pasara nada, tengo que confesar que no me encontraba en el grupo de los que cada 6 de enero se levantaban deseando que los Reyes Magos les hubiesen dejado un Scalextric.

Porque yo ya tenía uno. Y, lo que es mejor, lo sigo teniendo. Y el Ford Scort con el que Carlos Sainz corrió el Campeonato Mundial de Rallies. Con luces y tracción a las cuatro ruedas. Pero ese accesorio, me temo, ya es mucho más de los 90.

Scalextric, Escuela de campeones, 1986.

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