A mediados de 1990, llegó a España una telecomedia familiar que narraba las aventuras cotidianas de una madre de familia que intentaba poner orden en los líos en los que se veían envueltos sus tres hijos adolescentes, mientras su marido, piloto de líneas aéreas, se dedicaba a recorrer el país de una punta a la otra. La serie, que tomaba su título de ese personaje sobre el que giraba la vida familiar, tuvo una buena acogida en Estados Unidos y se podría decir que también en España.

Por eso, creo que para muchos de sus seguidores fue un auténtico shock descubrir que al comienzo de la tercera temporada, Valerie ya no era Valerie, sino La familia Hogan. Según se contaba en el primer episodio, la adorable madre de familia había fallecido en un terrible accidente, dejando desconsolados a su esposo y sus tres hijos. Para ayudarlos a superar el bache y contribuir a la educación de los niños, los guionistas decidieron que una hermana del cabeza de familia, un tanto alocada, creo recordar, se mudara a vivir con ellos. El personaje del hijo mayor comenzó a tomar más protagonismo y la serie evolucionó tanto que hoy casi nadie recuerda que La familia Hogan comenzó como Valerie.

En cuanto a la desaparición del personaje que daba nombre a la serie, dicen por ahí que fue lo de siempre: desacuerdos de la protagonista —que también se llamaba Valerie, pero Harper— con los productores que la llevaron a dejar la serie, posiblemente pensando que sin ella no podría sobrevivir. Pero, como ya se ha visto, no fue así y por culpa de ello hoy tenemos que convivir con ese monstruo de la escena con una carrera llena de altibajos llamado Jason Bateman y que, por si no se han dado cuenta, era el hijo mayor que hacía suspirar a toda una generación de jovencitas que todavía hoy lo recuerdan como el guaperas de David Hogan.

Lástima que a Valerie le saliera mal la jugada.

Valerie, Créditos de apertura, 1986.

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