A finales de los años 80, la sociedad occidental comenzaba a descubrir lo que era el sida y los prejuicios acerca de esa enfermedad campaban a sus anchas entre la opinión pública. Por ello, campañas de información como la emprendida por el Ministerio de Sanidad para divulgar qué conductas daban o no sida causaron cierto revuelo a la vez que abrían los ojos de muchas personas, quizá llenas de prejuicios tras la muerte, a causa de esta enfermedad, del actor Rock Hudson.

En mi caso personal, esta campaña se me quedó grabada en la memoria, además de por el anuncio de televisión, por unos folletos en los que esos mismos personajes informaban de qué actividades cotidianas podían transmitir el virus causante de la enfermedad y cuáles eran completamente inocuas. Curiosamente —y creo que por eso nunca lo olvidaré— estudiamos esos folletos para elaborar un trabajo sobre el sida para la asignatura de Religión de Séptimo de E.G.B., un curso en el que el contenido de esa materia —afortunadamente— estuvo más dedicado a la ética que a la moral católica.

El resto del país y al igual que ocurrió con el «Póntelo, pónselo», probablemente recuerde mucho más el eslogan del «si da, no da» por la polémica que generó su emisión. Y es que, entonces como ahora, existían muchos colectivos que preferían imponer sus ideas y que los demás vivieran en la más absoluta ignorancia y sometidos a su voluntad.

Ministerio de Sanidad y Consumo, No cambies tu vida por el Sida, 1988.

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