Durante un buen rato he barajado titular esta entrada «El niño que conducía el bólido de la Pantera Rosa», pero finalmente consideré que era un spoiler demasiado explícito, aunque sólo lo fuera de la secuencia inicial de este espacio de dibujos animados protagonizado por el personaje que surgió de los créditos de la película homónima y se consagró en esta serie en la que vivía toda clase de desventuras, puesto que la identidad del conductor del futurista deportivo que recoge a la exquisita e indolente —al menos esa imagen es la que siempre me transmitió— Pantera Rosa y al Inspector Clouseau se conoce justo cuando llegan al teatro en el que se proyecta su particular show.

Iba a escribir, también, que sólo recordaba las secuencias iniciales y finales de la serie, gracias al coche o al hecho de que, al terminar la función, el joven chófer arranca cuando solo tiene como pasajero al Inspector y la desdichada Pantera, que si no había sufrido poco a lo largo de las historietas del capítulo, se ve obligada a salir corriendo tras su propio automóvil. Iba a escribir, por tanto, que sólo recordaba esas imágenes y, por supuesto, su pegadiza y marchosa melodía —nada que ver con el tema de la Pantera Rosa original, de Henry Mancini, y que se repetía machaconamente en todas las historietas, y que también es magnífico, ojo—, pero seguramente mentiría.

Porque, aunque es probable que no recuerde el argumento completo de ni una sola de las historias que aparecían en los capítulos de esta serie, hay imágenes como la de una desesperada Pantera intentando pintar de rosa todo lo que una misteriosa y puñetera mancha verde pintaba de ese color o la de la desdichada protagonista convertida en una esponjosa e ingrávida bola de pelo rosa tras salir de una lavadora en la que no recuerdo muy bien por qué cayó son inolvidables.

Y después de recordarlas, toca tararear la canción de su show. Una y otra vez. Como si no hubiera un mañana.

El show de la Pantera Rosa, Créditos de apertura y cierre, 1969-1972.

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