En los años 80, la ONCE fue pionera —al menos en mi recuerdo— en crear una gran expectación en torno a las novedades que iba incorporando a su sorteo. La forma de hacerlo fue algo tan repetido desde entonces como novedoso en aquella época: emitir un primer anuncio gancho en el que no se cuenta nada. Ni tan siquiera la marca o empresa que se anuncia. Tan sólo una interminable fila de personas que atraviesa lugares emblemáticos y ciudades enteras y una promesa: «El próximo 1 de octubre en este país va a ocurrir algo que traerá cola».

Organización Nacional de Ciegos, Traerá cola, 1987.

Y dejar que la gente se devane los sesos intentando averiguar qué será. Y que lo comenten con el vecino del quinto, con el camarero cuando va a tomarse el cortado de media mañana y con su señora o señor a la hora de comer. Hasta que, días más tarde, llega la solución, en un segundo anuncio, en forma del –por aquel entonces— nuevo y revolucionario cuponazo de la ONCE. Y, de nuevo, la inmensa cola de personas que, presa de la impresión causada por los premios del renovado cupón, se derrumbaba como una fila de indefensas fichas de dominó.

No son los únicos que han usado esta estrategia. Y creo recordar que tampoco fue la única vez, pero, quizá, sí la más impactante. La que creó escuela.

Organización Nacional de Ciegos, Juegue al nuevo cupón de la ONCE. El cuponazo, 1987.

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