Aunque la hora a la que sus notas comenzaban a sonar indicaban que era tiempo ya de estar en la cama, cada vez que escucho la sintonía que acompañaba a las imágenes de la cabecera de Cine Club, no puedo evitar que una multitud de recuerdos cinematográficos se agolpen en mi memoria. Y es que a esas escenas que se intuyen en el fondo de la pantalla mientras en el primer plano comienza a formarse la entrada de que daba acceso a una sesión de cine de verdad seguía precisamente eso. Una auténtica joya del cine clásico que, además, en sus primeros años era glosada por un espectador que daba al espectador algunas de las claves de la cinta que estaba a punto de disfrutar.

Gracias a esa sintonía y luchando contra el sueño, descubrí algunas películas cuyo recuerdo —con posterior revisionado o no— me ha acompañado durante toda mi vida y, estoy convencido, ha sido determinante en el hecho de que más de dos terceras partes de mi videoteca —¿existirá el término deuvedeoteca?— esté compuesta por películas rodadas antes de 1970.

Así que me da igual que pueda ser más de los 90 que de los 80. Si soy sincero, ni me he molestado en confirmar el dato. Porque esa cabecera se merece más que ninguna otra formar parte de esta recopilación de recuerdos. Y hacerlo justo cuando enfila su momento más importante, la recta final. Y porque su cautivadora y sobrecogedora música está compuesta por Nacho Cano. No se puede pedir más.

Cine Club, Cabecera, 1989-2010.

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