Después de pasar casi un año buceando entre vídeos televisivos de los años 80, he constado la obsesión existente en aquella —e incluso antes— por emplear las pantallas partidas en los créditos iniciales de toda clase de programas. Las de series y, sobre todo, los grandes culebrones estadounidenses son míticas. Pero, aquí, en España, el paradigma es, sin duda, su empleo en la cabecera de una serie que nació con el ambicioso objetivo de conseguir que la sociedad comenzase a respetar a la fauna ibérica y a la naturaleza en general.

Imágenes de lobos, linces ibéricos, águilas, cabras montesas y hasta un jeep cubierto de barro justo en el momento de atravesar un lodazal, en frenética sucesión al ritmo de la música de Antón García Abril —por qué será que este compositor no deja de aparecer por aquí una y otra vez—, están para siempre ligadas al comienzo de El hombre y la tierra, el legado de incalculable valor que nos dejó el malogrado Félix Rodríguez de la Fuente y cuya reposición —muy frecuente en los años 80—, se me antoja siempre necesaria.

Aunque sólo sea por volver su ya mítico comienzo.

El hombre y la tierra, Créditos de apertura, 1974-1980.

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