A priori, una serie protagonizada por un extraterrestre peludo y bajito con pinta de oso hormiguero, cascarrabias, bromista, malhablado y con cierta afición a comer gatos no parece reunir los requisitos necesarios para convertirse en un referente televisivo de su época. Sobre todo si se emite, como creo recordar, dentro de Cajón desastre, los sábados por la mañana.

Y, sin embargo, eso fue lo que ocurrió con Alf, aquel entrañable —aunque no lo fuera— alienígena procedente del desaparecido planeta Melmac que se quedó a vivir con los Tanner después de estrellarse con su nave espacial en el garaje de la familia terrícola. Durante cuatro años fuimos testigos de cómo el bajito extraterrestre perpetraba toda clase de travesuras —su «Era una broma, Willie» es todo un clásico en las disculpas televisivas—, muchas de ellas sin intención, mientras intentaba merendarse a la mascota de la familia y trataba de evitar ser descubierto por agentes del Gobierno o la cotilla vecina de al lado que en España fue bautizada como Raquel Armonía.

Posiblemente hoy, el éxito de ALF sería imposible de repetir, pero, a finales de los 80 arrasaba. Tanto, que todavía hoy su sintonía es una de las más recordadas de la época. Eso y el hecho de que el gato Lucky jamás sabrá la suerte que tuvo.

ALF, Créditos de apertura, 1986-1990.

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