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A finales de los años 80, la sociedad occidental comenzaba a descubrir lo que era el sida y los prejuicios acerca de esa enfermedad campaban a sus anchas entre la opinión pública. Por ello, campañas de información como la emprendida por el Ministerio de Sanidad para divulgar qué conductas daban o no sida causaron cierto revuelo a la vez que abrían los ojos de muchas personas, quizá llenas de prejuicios tras la muerte, a causa de esta enfermedad, del actor Rock Hudson.

En mi caso personal, esta campaña se me quedó grabada en la memoria, además de por el anuncio de televisión, por unos folletos en los que esos mismos personajes informaban de qué actividades cotidianas podían transmitir el virus causante de la enfermedad y cuáles eran completamente inocuas. Curiosamente —y creo que por eso nunca lo olvidaré— estudiamos esos folletos para elaborar un trabajo sobre el sida para la asignatura de Religión de Séptimo de E.G.B., un curso en el que el contenido de esa materia —afortunadamente— estuvo más dedicado a la ética que a la moral católica.

El resto del país y al igual que ocurrió con el «Póntelo, pónselo», probablemente recuerde mucho más el eslogan del «si da, no da» por la polémica que generó su emisión. Y es que, entonces como ahora, existían muchos colectivos que preferían imponer sus ideas y que los demás vivieran en la más absoluta ignorancia y sometidos a su voluntad.

Ministerio de Sanidad y Consumo, No cambies tu vida por el Sida, 1988.

Las campañas de sensibilización de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD), al igual que ha ocurrido tradicionalmente con las de la Dirección General de Tráfico —incluyendo la protagonizada por Stevie Wonder, esta por motivos obvios de los que hablaremos en un futuro cercano—, prácticamente nunca han dejado indiferente a nadie. La última de ellas, iniciada el pasado mes de mayo, es un claro ejemplo de cómo

Muy poco que ver con aquel primer anuncio buenrollista producido por la FAD que empezó a emitirse en junio de 1988, en el que un nutrido grupo de intérpretes muy conocidos en la época cantaban los perjudiciales efectos que podía causar la droga en la juventud. Aunque no sea la más recordada de todas, Invitemos con ella a decir no y engancharse a la vida, lema que, por cierto, ha acompañado durante muchísimo tiempo la encomiable labor de esta organización.

FAD, «Engánchate a la vida», 1988.

Finalizamos esta semana de recorrido por las actuaciones eurovisivas patrias en los años 80 con una canción que resume a la perfección el paradigma de las actuaciones españolas en este certamen a lo largo de gran parte de su historia. Corría el año 1988 y los responsables de TVE decidieron enviar al concurso a La Década Prodigiosa, un grupo formado por cantantes intercambiables que había alcanzado gran popularidad interpretando popurrís de las canciones más recordadas de los años 60 y 70.

Para la ocasión, escogieron una pegadiza canción llena de tópicos sobre el país a la que le pusieron el acertado y exótico título de Made in Spain y la coda de La chica que yo quiero, por si su intención no había quedado clara. Sinceramente, no sé quién pensó que esta forma de vender la marca España podía tener posibilidades de triunfar en Europa, pero lo cierto es que la canción acabó en undécimo lugar —de 21 participantes— con 58 puntos. Además, siempre tendremos la duda de si el incalificable estilismo de los miembros del grupo influyó en la obtención de tan mediocre resultado. En España, en cambio, este tema fue un auténtico éxito.

Sin embargo, como el primer concierto al que recuerdo haber asistido pertenecía a una gira de una Década Prodigiosa en pleno auge de su popularidad, es posible que hasta vuelvan a aparecer por aquí. E incluso, que los califique con un Lo que sí. Pero, mucho me temo que, 25 años después, Made in Spain no pasa de un Lo que no. Es lo que tiene ser hija de su tiempo.

La Década Prodigiosa, Made in Spain (La chica que yo quiero), 1988.

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