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Hace unos meses, hablaba por aquí acerca de los valores que, en ocasiones, puede ayudar a inculcar en sus destinatarios la publicidad, con independencia —o a pesar— de que su finalidad primordial sea dar a conocer un producto y tratar de venderlo. En aquel entonces lo hacía al hilo de un mítico anuncio de Cola Cao en el que un niño que da sus primeros pasos en la cancha mira con admiración al jugador que le descubre los secretos del baloncesto.

Como se trata de una campaña que recuerdo con cierto cariño y, además, la vinculaba de alguna forma con la difusión de valores positivos, no quería acabar esta experiencia bloguera sin rescatar el otro anuncio que formaba parte de la misma. El que hace que ni tan siquiera pueda ser acusada de machista, porque ese afán de superación que subyace a toda iniciación se trasladaba a la niña que era ayudada por la patinadora a la que admiraba a dar sus primeras piruetas sobre la pista de hielo, para acabar ante «un gran tazón de Cola Cao lleno de energía y sabor» y la consabida pregunta «Tú tomas mucho Cola Cao, ¿verdad?». Vale que podrían haber buscado otros deportes. O poner a la chica a jugar al fútbol. Pero, entiéndanlo, para bien y para mal, eran los 80. No le podemos pedir más.

Y sí, reconozco que se me quedan muchos otros anuncios en el tintero y que hablar de este suena un poco a repetición —y que me perdonen Las Tacañonas—, pero, qué quieren que les diga, son mis recuerdos, esto se acaba y se merecía aparecer aquí. Y hacerlo casi al final.

Cola Cao, Tú tomas mucho Cola Cao, ¿verdad?.

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No sé por qué, junto al subversivo vídeo que invitaba a los espectadores a leer, uno de los recuerdos más claros que conservo de La bola de cristal es el del spot protagonizado por un muchacho que, cargado con una enorme bolsa de deportes, llegaba a la cancha dispuesto a encarnar todos los roles necesarios para disputar un partido de fútbol.

Sin embargo, tras unos agobiantes minutos en medio de las burlas de sus compañeros, la tozuda realidad le demostraba que «solo no puedes, con amigos sí», por lo que acababa pidiendo la colaboración de los que hasta entonces habían sido unos meros espectadores, en un claro ejemplo de lo valiosas que son la amistad y el compañerismo.

La bola de cristal, Spot Solo no puedes, con amigos sí, 1986.

Sé muy bien que el objetivo de la publicidad es poner de manifiesto una necesidad —o crearla— y mover a los consumidores a que adquieran un determinado bien o servicio. El de la empresa que se anuncia y no el de la competencia. Sin embargo, esa finalidad mercantilista no tiene por qué estar reñida con la presentación de valores positivos, aunque en el fondo su inclusión no sea más que otro intento de manipular al consumidor.

Pero, puestos a ser manipulados, prefiero seguir viendo a aquel niño que mira con ojos asombrados al jugador de baloncesto que le ayuda a dar sus primeros pasos en la cancha que al que asegura que sus zapatillas no saldrán de su cuarto porque lo dice él. Y es que la mejor publicidad de Cola Cao, sigue siendo la de los años 80.

Cola Cao, Tú tomas mucho Cola Cao, ¿verdad?.

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