Archivos para las entradas con etiqueta: Canción del verano

Corazones con nombres o iniciales en su interior y atravesados por una flecha han sido siempre declaraciones públicas de amor incontestables. Por eso, la actitud del protagonista de la canción de Radio Futura siempre me pareció algo esquizofrénica. Mientras coquetea e internamente se reconoce que le gusta ver su nombre junto al de ella en un corazón, amenaza a la chica con una paliza por haberlo escrito. Como si el amor pudiera esconderse. Cosas de niños.

Radio Futura, Corazón de tiza, 1990.

Hoy seré breve. Estamos en agosto y el calor aprieta. Apetece irse a la playa. Por fortuna, estoy en Canarias y aquí, a diferencia de lo que irreverentemente cantaba el grupo The Refrescos, aquí si hay playa. En Madrid, no. Eso hace que cada año por estas fechas la ciudad se vacíe y convierte a agosto en el mejor mes para vivir en la capital. Si no fuera por el calor que hace, claro.

The Refrescos, Aquí no hay playa, 1986-1989.

Corría el año 1986 cuando el grupo humorístico-musical, posiblemente nacido a la estela de La Trinca, Puturrú de Fuá revolucionó al país completo con un tan sabio como simple consejo de su abuela: «No te olvides la toalla cuando vayas a la playa». Gracias a su pegadizo estribillo no es extraño que se convirtiera en una de las canciones más populares de ese verano. Que aún hoy, justo cuando agosto está a la vuelta de la esquina, la siga recordando sí que me sorprende más.

Puturrú de Fuá, No te olvides la toalla, 1986 (Actuación de 2009).

Salsa, merengue, cumbias y bachatas son ritmos caribeños que, por suerte o por desgracia, siempre han gozado de una enorme popularidad en Canarias. Gracias a ello —y a los siempre infravalorados puestos de ventas de cintas de casete entonces, ahora cds, de rastros y mercadillos—, la formación colombiana La Sonora Dinamita gozó de una época dorada en el Archipiélago, donde a finales de los años 80 triunfó con éxitos como La parabólica, Mi cucu o la triste historia de infidelidades conyugales protagonizadas por Capullo y Sorullo.

Y es que aún no ha nacido quien pueda resistirse a estas profundas y delicadas letras. Ni quien pueda olvidarlas una vez que las escucha.

La Sonora Dinamita, Mi cucu, c. 1989.

Julio acaba de irrumpir en nuestras vidas y, como cada año, en mi barrio lo ha hecho acompañado del encendido de los altavoces que se encargan de amenizar las fiestas patronales. Y eso, lo quiera o no, siempre me retrotrae a un indeterminado verano de los años 80 en el que sólo —o al menos eso me parecía a mí— sonaba esa factoría de éxitos tan insustanciales como pegadizos llamada Georgie Dann y su insoportable africano.

Georgie Dann, El africano, 1985.

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