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Hace unos meses, hablaba por aquí acerca de los valores que, en ocasiones, puede ayudar a inculcar en sus destinatarios la publicidad, con independencia —o a pesar— de que su finalidad primordial sea dar a conocer un producto y tratar de venderlo. En aquel entonces lo hacía al hilo de un mítico anuncio de Cola Cao en el que un niño que da sus primeros pasos en la cancha mira con admiración al jugador que le descubre los secretos del baloncesto.

Como se trata de una campaña que recuerdo con cierto cariño y, además, la vinculaba de alguna forma con la difusión de valores positivos, no quería acabar esta experiencia bloguera sin rescatar el otro anuncio que formaba parte de la misma. El que hace que ni tan siquiera pueda ser acusada de machista, porque ese afán de superación que subyace a toda iniciación se trasladaba a la niña que era ayudada por la patinadora a la que admiraba a dar sus primeras piruetas sobre la pista de hielo, para acabar ante «un gran tazón de Cola Cao lleno de energía y sabor» y la consabida pregunta «Tú tomas mucho Cola Cao, ¿verdad?». Vale que podrían haber buscado otros deportes. O poner a la chica a jugar al fútbol. Pero, entiéndanlo, para bien y para mal, eran los 80. No le podemos pedir más.

Y sí, reconozco que se me quedan muchos otros anuncios en el tintero y que hablar de este suena un poco a repetición —y que me perdonen Las Tacañonas—, pero, qué quieren que les diga, son mis recuerdos, esto se acaba y se merecía aparecer aquí. Y hacerlo casi al final.

Cola Cao, Tú tomas mucho Cola Cao, ¿verdad?.

Sé muy bien que el objetivo de la publicidad es poner de manifiesto una necesidad —o crearla— y mover a los consumidores a que adquieran un determinado bien o servicio. El de la empresa que se anuncia y no el de la competencia. Sin embargo, esa finalidad mercantilista no tiene por qué estar reñida con la presentación de valores positivos, aunque en el fondo su inclusión no sea más que otro intento de manipular al consumidor.

Pero, puestos a ser manipulados, prefiero seguir viendo a aquel niño que mira con ojos asombrados al jugador de baloncesto que le ayuda a dar sus primeros pasos en la cancha que al que asegura que sus zapatillas no saldrán de su cuarto porque lo dice él. Y es que la mejor publicidad de Cola Cao, sigue siendo la de los años 80.

Cola Cao, Tú tomas mucho Cola Cao, ¿verdad?.

Si alguna pega ha tenido siempre el Cola Cao —porque, por desgracia, tenía que tener alguna— es que nunca se ha disuelto bien en leche fría. Por ello, a lo largo de los veranos de los 90 inventaron todo tipo de artilugios —baticao, cóctelcao, turbocao e, incluso, karaocao— con los que intentaban que los niños se preparasen su Cola Cao de forma divertida, a la vez que aumentaban sus ventas en los siempre calurosos días de verano en los que lo último que apetece tomar es «un buen tazón de Cola Cao», que diría otro de sus míticos anuncios.

Sin embargo, años antes ya habían enviado ese mismo mensaje a las madres, con un spot en el que les enseñaban cómo preparar algo tan sencillo como un batido de chocolate con diez cucharadas de Cola Cao, un litro de leche y, muy importante, una batidora. No debió de funcionarles muy bien, porque más tarde sacaron todos esos absurdos inventos de los que hablaba antes, muchos de los cuales aún andan por casa. Sin estrenar, por supuesto.

Mucho después, crearon el Cola Cao Turbo, que sí que se disuelve en la leche fría. Y pensaron que habían solucionado el problema del Cola Cao de verano. Pero yo lo probé una vez. Y no pienso hacerlo más: no sabe a Cola Cao.

Cola Cao, Cola Cao bien frío, 1988.

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