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No sé si será por el frío, la escasez de luz natural, la cercanía de la Navidad o el peso —cada vez mayor— de las ausencias, pero diciembre siempre ha sido para mí uno de los meses más melancólicos del año. Casi al comienzo de esta aventura, que tiene precisamente la nostalgia como uno de sus principales leitmotiv, comenté que el recuerdo más claro —por no decir casi el único— que conservo del programa infantil El Kiosco era una adaptación del tema de Limahl Never Ending Story en la sección Baby Disco.

Lamentaba por aquel entonces que, aunque había encontrado sus particulares versiones de otros muchos grandes éxitos de esa época —algunos hoy grandes éxitos—, me había resultado imposible localizar la actuación que mejor recordaba. Hoy, casi de casualidad, me he topado con un fragmento de la misma. Apenas dura un minuto y once segundos, pero me ha traído cientos de momentos de mi infancia a la mente.

La historia interminable es un libro cuya lectura me marcó enormemente. Aunque la película es incapaz de reflejar fielmente el universo creado por Ende, su banda sonora siempre me evocó las aventuras que Bastián vivía a través de Atreyu en su búsqueda de salvar a la Emperatriz Infantil antes de que la Nada devore su reino por completo. Es más, la simple relectura al azar de alguna de sus páginas impresas en tintas roja y verde es capaz de remover en mi interior esas sensaciones infantiles que ya casi creía olvidadas.

Justo las mismas intensas emociones que hoy, a punto de iniciar un nuevo y nostálgico mes de diciembre, me ha despertado El Kiosco con un pequeño fragmento de una historia interminable y profundamente inolvidable.

El Kiosco, Baby Disco: La historia interminable (Fragmento), c. 1985.

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Hace algo más de una semana, les hablaba de El kiosoco, un programa dirigido al público infantil y presentado por Verónica Mengod y una marioneta salida de la factoría de Jim Henson a la que daba vida el actor Pepe Carabias y que respondía al nombre de Pepe Soplillo. Lo que no les comenté en aquella ocasión es que yo tengo un Pepe Soplillo. Llegó a mi casa en los Reyes de, probablemente, 1985 y, como puede verse grabado en la parte posterior de la cabeza, se trata de un producto oficial licenciado por Televisión Española.

En realidad, en mi casa conviven dos de esas figuras. Una es mía y la otra, de uno de mis hermanos. En aquella época le hicimos una marca a una de ellas para diferenciarlas y saber quien era su propietario. Lo malo es que ahora, casi treinta años después, no recuerdo ni en qué consistía la marca ni el muñeco de quién identificaba. Así que me veo llegando a los tribunales cuando a alguno de los dos se le ocurra reclamar la custodia de un genuino Pepe Soplillo original.

Con la propiedad de Naranjito tendré menos problemas, pero de eso ya les hablaré en otra ocasión.

Pepe Soplillo

Mi Pepe Soplillo. O el de mi hermano, quién sabe.

Me parece, por cierto, que igual las iniciales de la camiseta no son de lo más popular hoy en día. O sí, cualquiera sabe.

Entre 1984 y 1987, una jovencísima Verónica Mengod y Pepe Soplillo, una marioneta diseñada por Jim Henson a la que daba voz y vida el veterano actor Pepe Carabías, presentaron El Kiosco, un programa infantil que conjugaba actuaciones musicales, juegos, entrevistas, experimentos, teatro, magia y humor, secciones en las que los absolutos protagonistas eran los niños.

De hecho, el recuerdo más claro que tengo de este programa era la sección Baby disco, en la que se adaptaban algunos de los temas musicales de moda en aquel momento. Recuerdo, sobre todo una versión del éxito de Limahl Never Ending Story, que, por cierto, no he sido capaz de encontrar en YouTube, pero no fue la única actuación memorable, así que no duden de que los chicos de El kiosco volverán a hacernos alguna visita más.

El kiosco, Cabecera, 1984-1987.

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