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Después del merecido repaso que hemos dado durante los últimos siete días a los representantes españoles de los 80 en el Festival de Eurovisión, creo que es justo despedirnos del que probablemente haya sido el certamen musical más casposo del continente recordando el símbolo que durante varias décadas —los 80 entre ellas— lo identificó: la tradicional careta que identificaba las emisiones de la UER junto a su inconfundible sintonía.

“Le guayominí, dus puan”. Es lo que toca.

TVE, Careta de Eurovisión.

Finalizamos esta semana de recorrido por las actuaciones eurovisivas patrias en los años 80 con una canción que resume a la perfección el paradigma de las actuaciones españolas en este certamen a lo largo de gran parte de su historia. Corría el año 1988 y los responsables de TVE decidieron enviar al concurso a La Década Prodigiosa, un grupo formado por cantantes intercambiables que había alcanzado gran popularidad interpretando popurrís de las canciones más recordadas de los años 60 y 70.

Para la ocasión, escogieron una pegadiza canción llena de tópicos sobre el país a la que le pusieron el acertado y exótico título de Made in Spain y la coda de La chica que yo quiero, por si su intención no había quedado clara. Sinceramente, no sé quién pensó que esta forma de vender la marca España podía tener posibilidades de triunfar en Europa, pero lo cierto es que la canción acabó en undécimo lugar —de 21 participantes— con 58 puntos. Además, siempre tendremos la duda de si el incalificable estilismo de los miembros del grupo influyó en la obtención de tan mediocre resultado. En España, en cambio, este tema fue un auténtico éxito.

Sin embargo, como el primer concierto al que recuerdo haber asistido pertenecía a una gira de una Década Prodigiosa en pleno auge de su popularidad, es posible que hasta vuelvan a aparecer por aquí. E incluso, que los califique con un Lo que sí. Pero, mucho me temo que, 25 años después, Made in Spain no pasa de un Lo que no. Es lo que tiene ser hija de su tiempo.

La Década Prodigiosa, Made in Spain (La chica que yo quiero), 1988.

En 1990, el dúo Azúcar Moreno tuvo la responsabilidad de cerrar una década marcada en lo que a Eurovisión respecta por unos resultados bastante mediocres, con la excepción ya mencionada de Bravo en 1985. A pesar de haber comenzado su actuación con un pequeño tropiezo a causa de un deficiente sonido que hizo que tuviesen que salir por segunda vez al escenario, las hermanas Salazar firmaron una muy merecida quinta posición con Bandido, un pegadizo tema de aires latinos que se convirtió en el pasaporte al éxito para este dúo cuya carrera, por desgracia, parece haber terminado como el rosario de la aurora.

Azúcar Moreno, Bandido, 1990.

No sé si con la edad me estaré volviendo blando, pero creo que hoy no me voy a meter demasiado con la representación española en la edición de 1989 del Festival de Eurovisión, quizá porque una contenida y visiblemente nerviosa Nina consiguió finalizar el certamen en sexta posición, gracias a los 88 puntos que consiguió el tema que defendía: Nacida para amar.

Así que, a pesar de que hay mucho que comentar en esta actuación, esos pelos a lo mega-afro, la incorregible afición de la intérprete catalana por mover su boca más de la cuenta, como si así fuese a vocalizar mejor, el vestido, los guantes de Gilda-pobre, la textura del vestido, los inexplicables lacitos negros que ¿adornan? la falda… no voy a criticar este conjunto que si de algo peca es de ser inolvidable.

Como decía, no voy a criticarr esta actuación, pero no porque me apiade, sino porque si empiezo, no termino.

Nina, Nacida para amar, 1989.

En este repaso a los 80 eurovisivos, hoy voy a ser breve, sobre todo porque no hay mucho que recordar de la actuación española en 1986, a cargo del grupo Cadillac —que según Wikipedia se disolvería poco después de participar en el festival— y su tema Valentino. De la canción, que acabó en un discreto décimo lugar —de entre veinte participantes—, con tan solo 51 puntos, sólo voy a decir que uno de los versos de su estribillo siempre me resultó extremadamente lúcido: “Valentino no lo hubiera hecho mejor”.

Si lo aplicamos a Eurovisión, mejor apaga y vámonos. O, lo que es lo mismo, dejemos de participar de una vez por todas. Total, el resultado siempre va a ser el mismo…

Cadillac, Valentino, 1986.

En 1985, Paloma San Basilio salió del Festival de Eurovisión sin nada que celebrar y, seguramente, con la sensación de que la fiesta no había ido con ella, después de que el tema que defendía, La fiesta terminó, acabase con 36 puntos y sexta por la cola. Lo cierto es que esa clasificación se antoja bastante injusta para esta balada compuesta por Juan Carlos Calderón que, conviene recordar, firmó también Eres tú, uno de los mayores éxitos españoles en el certamen.

Esta vez, sin embargo, acabó sin ganas de fiesta.

Paloma San Basilio, La fiesta terminó, 1985.

Tras el chasco de Remedios Amaya, en 1984 Amaya Saizar y su grupo Bravo fueron los encargados de intentar recomponer el maltrecho honor español en el Festival de Eurovisión. Y hasta Luxemburgo se fueron para defender el pegadizo tema Lady, Lady, que, a pesar de haber caído en el casi más absoluto de los olvidos, cosechó un merecido tercer puesto y la mejor clasificación de nuestro país en el certamen en toda la década de los 80.

Pero como este blog no va de radiografías eurovisivas, sino de recuerdos, me veo en la obligación de confesar que, aunque por aquella época sólo contaba con poco más de seis años, recuerdo claramente que pasé bastante tiempo impresionado por el hecho de que una canción tan festiva pudiese esconder una historia tan triste, la de una persona que perdió a su amor y, sin embargo, no renuncia a la esperanza. Sí, ahora lo sé. Es la vida misma.

Algo así como la relación de España con Eurovisión. Nunca volveremos a ganar, pero no perdemos la esperanza.

Bravo, Lady, Lady, 1984.

Una nueva edición del Festival de Eurovisión se acerca y no creerán que iba a dejar escapar la oportunidad de recordar por aquí algunas de las más memorables actuaciones españolas en un certamen que, a mi humilde juicio, se quedó estancado en los 80. Sobre todo, cuando ya le he dedicado varias series en mi otro y primigenio blog.

Lo malo de la semana eurovisiva de este blog es que su denominador común será el recuerdo que guardo de algunas de las representaciones españolas de la década. Y, como comprobarán un par de líneas más abajo, la mayor parte de las ocasiones, eso no augura nada bueno.

Comenzamos, por tanto, con una representante patria tan digna de no ser recordada jamás que nadie aún ha podido olvidarla. Y es que la actuación española en el Festival de Eurovisión de 1983 ha quedado grabada indeleblemente en nuestra memoria colectiva que hasta yo, que en ese entonces apenas tenía cinco años, la tengo hoy tan nítida como si la estuviera viendo en directo y por primera vez.

Con todos ustedes y sin más dilación, Remedios Amaya. Descalza y a la deriva.

Remedios Amaya, Quién maneja mi barca, 1983.

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