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Aunque el título pueda sugerir lo contrario, no voy a hablar de Campeón, aquel cachorro de perro de raza indeterminada que aquí llamamos ratonero con el que mi padre apareció un día cuando yo tenía seis o siete años y se convirtió en el animal más fiel que he tenido nunca, además de en una inagotable fuente de anécdotas.

Aprovechando que en estos días la Selección española intenta por segunda vez consecutiva hacerse con la copa Confederaciones, lo que pretendo es introducir a un personaje esférico que nació allá por 1982 para convertirse en la mascota del Mundial de Fútbol que ese año se celebraba en España. Sí, se trata de Naranjito, un cítrico ataviado con el uniforme del combinado nacional que se dejó ver en toda clase de merchandising, además de protagonizar su propia serie de dibujos animados acompañado de una pandilla de personajes creados ad hoc.

En 1982, mi hermano tenía poco más de un año, así que le regalaron un tentetieso con la forma de Naranjito. Como yo tenía ya unos cuatro, el mío era algo más pequeño y de escayola esmaltada. Sólo uno logró sobrevivir y llegar hasta nuestros días. Contrariamente a lo que dictaría el sentido común, es el mío. Como puede verse en la foto, se encuentra en (casi) perfecto estado y lo conservo como oro en paño.

Naranjito

Es feo, pero es mi tesooooooooro.

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En la segunda mitad de los años 80, el ventrílocuo José Luis Moreno y sus muñecos, Monchito, Rockefeller y Macario, triunfaron durante algunos años en el programa de variedades Entre Amigos. En una época de solo dos canales no sorprendía el éxito de un programa que combinaba las actuaciones humorísticas con las musicales. Que volviera a cosecharlo, rebosando caspa por los cuatro costados, en la primera década del siglo XXI es digno de estudio. Y, sin embargo, ahí está el inolvidable —y créanme si les digo que he intentado olvidar infructuosamente sus matrimoniadas con todas mis fuerzas— Noche de Fiesta.

Pero lo cierto es que veinte años atrás, los muñecos de José Luis Moreno arrasaban dondequiera que apareciesen. La estrella, sin duda, era el ácido y deslenguado cuervo Rockefeller. Pero, poco a poco, el ingenuo y pueblerino Macario fue haciéndose un hueco en el corazón de los televidentes, convirtiendo durante un tiempo algunas de sus coletillas en parte del lenguaje habitual.

Sin embargo, este muñeco no gustaba a todos por igual. Sin ir más lejos, mi hermano pequeño —que hoy cumple años— tenía un miedo atroz a una imitación de esas que regalaban en las tómbolas unos años después, posiblemente cuando su popularidad ya había decaído bastante, que aunque no recuerdo muy bien de dónde había salido, pululaba por casa de mi abuela. Cuando había peligro de que cogiese algo que no debía coger o de que entrase en una habitación en la que no debía entrar, bastaba con poner el Macario delante de la puerta.

Macario

El Macario, o una piñata de cartón con forma de payaso que se usó en uno de sus primeros cumpleaños y más tarde se recicló en espantaniño. Pero esa es otra historia de la que no se conservan restos. Al contrario de lo que ocurre con Macario. Y mira que era feo el jodío.

Hace algo más de una semana, les hablaba de El kiosoco, un programa dirigido al público infantil y presentado por Verónica Mengod y una marioneta salida de la factoría de Jim Henson a la que daba vida el actor Pepe Carabias y que respondía al nombre de Pepe Soplillo. Lo que no les comenté en aquella ocasión es que yo tengo un Pepe Soplillo. Llegó a mi casa en los Reyes de, probablemente, 1985 y, como puede verse grabado en la parte posterior de la cabeza, se trata de un producto oficial licenciado por Televisión Española.

En realidad, en mi casa conviven dos de esas figuras. Una es mía y la otra, de uno de mis hermanos. En aquella época le hicimos una marca a una de ellas para diferenciarlas y saber quien era su propietario. Lo malo es que ahora, casi treinta años después, no recuerdo ni en qué consistía la marca ni el muñeco de quién identificaba. Así que me veo llegando a los tribunales cuando a alguno de los dos se le ocurra reclamar la custodia de un genuino Pepe Soplillo original.

Con la propiedad de Naranjito tendré menos problemas, pero de eso ya les hablaré en otra ocasión.

Pepe Soplillo

Mi Pepe Soplillo. O el de mi hermano, quién sabe.

Me parece, por cierto, que igual las iniciales de la camiseta no son de lo más popular hoy en día. O sí, cualquiera sabe.

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