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Aprovechando que hoy es Día de Reyes, quería hacerles una regalito especial en forma de otro de los muchos momentos de Barrio Sésamo que se han quedado grabados en mi memoria. Se trata del día en el que la rana Gustavo, el reportero más dicharachero de Barrio Sésamo, acudía a entrevistar a un conocido compositor que tenía serios problemas para encontrar una palabra para nombrar la pluma que llevaba Johnny en su gorro mientras viajaba a la ciudad montado en su poni. Por suerte, la rana estaba allí para sugerirle el nombre perfecto: Macarroni. Y, claro está, todas las alternativas posibles —y a cada cual más disparatada— para que la rima no resultante no fuese un completo sinsentido.

Sin embargo, como en otros muchos casos, resulta materialmente imposible encontrar este fragmento. Al menos, en español, porque en inglés es otra cosa. Y se entiende a la perfección. Simplemente basta con cambiar Johnny por Yankee Doodle, que el poni y Macarroni siguen camino de la ciudad.

A veces no puedo dejar de pensar que, quizá, estas absurdas entrevistas de Gustavo —no olvidemos al científico que, por ejemplo, descubría una nueva especie animal de largas orejas y nariz arrugada que bautizaba como el gran cuchi cuchi y resultaba ser un simple conejo— sí que influyeron en el nacimiento de mi vocación periodística. Y, claro está, me entra el miedo.

Sesame Street, Don Music writes ‘Yankee Doodle’, c. 1978.

La rana Gustavo, junto al inolvidable Coco, siempre fue uno de mis personajes preferidos de todas las creaciones de Jim Henson que aparecían en Barrio Sésamo. Estoy casi convencido de que la causa de esa especial simpatía no era que fuese «el reportero más dicharachero de Barrio Sésamo», tal y como él se encargaba de repetir muy a menudo y que yo, muy en el fondo de mi ser, estuviese ya predisponiéndome para estudiar periodismo. El origen, más bien, se encontraba en la cándida manera en que nunca dejaba que nada estropeara su trabajo, por mal que le pudieran salir las cosas.

Como aquel día que, mientras entrevistaba a la famosa bailarina Susana Zapatillas decidió ponerse a saltar junto a ella porque, al fin y al cabo, eso es lo que hacen las ranas. Las consecuencias fueron nefastas. Bendita ingenuidad.

Barrio Sésamo, Úrsula y Espinete (fragmento), c. 1984.

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