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Al igual que ocurriera con Grease por la misma época, un verano de finales de los 80 en el que mi hermano y yo pasamos unas semanas en casa de una de mis tías, acabamos viendo compulsivamente y casi a diario Sufre mamón, una suerte de película pseudoautobiográfica que contaba los orígenes de los Hombres G. Para ello, la cinta —que fue dirigida por el padre de David Summers y en la que aparecían toda clase de amigos y familiares de los miembros del grupo— tomaba como como base argumental la historia que se contaba Devuélveme a mi chica, canción que, todos convendremos, constituye todavía hoy el mayor éxito de la banda.

A diferencia de lo que ocurrió con Grease, algunos de cuyos diálogos soy todavía hoy capaz de recitar prácticamente de memoria, tras ese verano jamás he vuelto a ver la incursión cinematográfica de Hombres G. Y, por supuesto, no sólo no recuerdo ni uno solo de sus diálogos, sino que he borrado prácticamente todo rastro de la película de mi memora.

Aunque, por desgracia, esta entrada es la prueba palpable de que no la borré lo suficiente.

Sufre mamón, Tráiler, 1987.

«Estoy llorando en mi habitación
Todo se nubla a mi alrededor
Ella se fue con un niño pijo
Tiene un Ford Fiesta blanco
Y un jersey amarillo»

A mitad de los años 80, tener un Ford Fiesta —aunque fuese de primera o, si acaso, segunda generación y de color blanco— era probablemente estar a la última y casi con total seguridad convertiría a su flamante propietario en una de las personas más populares de su barrio, capaz de levantarle la novia a cualquiera. Que no tuviera otro Ford Fiesta o, quizá, un Renault Supercinco.

Precisamente eso fue lo que le pasó a un joven David Summers que, lejos de vengarse del niño pijo, destrozándole el coche, llenándole el cuello de polvos picapica o quemándole su jersey amarillo, decidió contarlo en una canción que acabó lanzando a Hombres G al estrellato. La venganza, en cambio, se plasmó un par de años después en una película autobiográfica de la que hablaremos en otro momento.

En cualquier caso, visto el éxito posterior de la banda, si yo hubiese sido la chica que dejó a David Summers por el niño pijo del Ford Fiesta blanco y el jersey amarillo aún estaría dándome cabezazos contra las paredes.

Hombres G, Devuélveme a mi chica, 1985.

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