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“Algo se muere en el alma
Cuando un amigo se va
Y va dejando una huella
Que no se puede borrar”

El 7 de febrero de 1982, si no he errado en la fecha, millones de españoles asistieron conmocionados a la muerte de Chanquete en el penúltimo episodio de Verano Azul, serie que en su primera emisión había alcanzado el éxito que la ha llevado a ser una de las más repetidas de la historia de la televisión en España hasta la llegada de los canales secundarios de la TDT.

Posiblemente, el del 7 de febrero de 1982 fue el episodio más emotivo de toda la serie. Y el más triste. El que, en unas secuencias inolvidables, convirtió las Sevillanas del Adiós de Los amigos de Ginés en una canción unida para toda la vida a la memoria colectiva de todo un país. Porque la muerte de Chanquete no fue un duro golpe sólo para los protagonistas de la serie, sino que fue sentido como propio por casi todos sus seguidores.

Desde el 7 de febrero de 1982, aquel estribillo —«No te vayas todavía, no te vayas por favor. No te vayas todavía, que hasta la guitarra mía llora cuando dice adiós»—, con toda su carga simbólica, estará siempre ligado a la magistral serie de Antonio Mercero. A la despedida de Chanquete. Y nos seguirá poniendo la piel de gallina cada vez que lo escuchemos. Y que veamos esas secuencias.

Verano Azul, Algo se muere en el alma (Fragmento), 1981.

“El final del verano
llegó y tu partirás.
Yo no sé hasta cuando
este amor recordaras.

Pero sé que en mis brazos,
yo te tuve ayer.
Eso sí que nunca,
nunca yo olvidaré”

La Dirección General de Tráfico activa la Operación retorno. Miles de conductores abandonan los masificados pueblos de la costa y se lanzan a la carretera, de regreso a la gris rutina de las grandes ciudades, mientras los aeropuertos españoles registran uno de los fines de semana con más tráfico del año. Comienza septiembre. Se acaba el verano. Todos los buenos momentos irrepetibles son ya recuerdos y las promesas de que lo vivido en estos meses permanecerá intacto hasta que las próximas vacaciones permitan retomarlo todo tal y como quedó suspendido al acabar agosto son eso: simples promesas que no se cumplirán.

Otro verano llegará, pero no será igual a este. Tal vez será mejor… o, tal vez, será peor. Pero no será igual. Y nada podrá nunca captar mejor esa sensación que una canción del Dúo Dinámico. Sí, la que ponía el intenso y emotivo broche final a Verano azul. Y el intenso, emotivo y nostálgico broche final de Verano azul, claro está.

El final del verano. Siempre tan hermoso como triste. Y la canción, también.

Verano Azul, El final del verano (fragmento), 1981.

Sí, ya sé que no fue exactamente así como Pancho comunicó al resto de la pandilla —y, por extensión, a toda España— el fallecimiento del entrañable y viejo pescador, auténtico icono de la serie Verano Azul. Sin embargo, es muy posible que —salvando las diferencias— ese anuncio causara la misma impresión en los españoles que el que seis años antes había sacudido a todo el país y, ya de paso, dado paso a un nuevo y muy distinto futuro.

Al menos, eso sí, la primera vez que se emitió la serie. Porque, convendremos todos, «enterarte» de la noticia en sus incontables reposiciones ya no fue lo mismo. Ni aunque fuera la primera vez que la veías y —cosa harto improbable— hubieses esquivado el spoiler. Mucho me temo.

Verano azul, Algo se muere en el alma (fragmento), 1981.

Un poco a lo tonto la recta final de agosto se nos ha echado encima sin que apenas haya tenido tiempo, ganas ni ocasión de recordar algunos de los momentos más míticos de Verano Azul. Así que, tal y como les prometí hace unas semanas, hoy toca recordar una de esas inolvidables escenas, que tenía lugar casi al final de su séptimo episodio. Aunque, en realidad, todo lo resume una simple frase. La que pronuncia la madre de Bea y Tito: «Agustín, Beatriz ya es mujer», ante la mirada orgullosa de su marido y el asombro de Tito, compartido, sin duda, por todos los telespectadores de su edad en cualquiera de las innumerables reposiciones de la serie.

Verano Azul, Beatriz Mon Amour (fragmento), 1981.

Les propongo un juego. Salgan a la calle y pregúntenle a todo el que se encuentren qué escena les viene a la cabeza cuando piensan en Verano azul. Me apuesto cualquier cosa a que la práctica totalidad de los encuestados les dirá que la interpretación del No nos moverán. Ese será el resultado. Yo he hecho la prueba.

Y es que ver a toda la pandilla a bordo de La Dorada I, guitarra en mano, enfrentándose por Joan Baez a las piquetas de una inmobiliaria sin escrúpulos —está visto que esta semana toca quejarse de la especulación— para defender la casa de Chanquete es, sin duda, una imagen imborrable.

El resto, probablemente les contestará que cuando Bea se hizo mujer. Pero de eso ya hablaremos otro día. O no.

Verano azul, No nos moverán, 1981.

Aunque este año, al menos en Canarias, el tiempo parezca querer indicar lo contrario, todos aquellos que estudiamos E.G.B. —quiero suponer que los de la Logse también, pero ya no estoy tan seguro— aprendimos que el 21 de junio supone el inicio oficial de la mejor estación del año: el verano. Porque con el verano llegaban las ansiadas y siempre demasiado cortas vacaciones. Y, también, la que probablemente fuera la serie más emitida de España hasta la invasión de la televisión digital terrestre y sus repeticiones en bucle.

Efectivamente, me refiero a Verano Azul, la icónica serie rodada por Antonio Mercero en Nerja entre 1979 y 1980, estrenada en otoño de 1981 y, desde entonces, emitida casi cada verano sin interrupción. Y, sin embargo, nunca nos cansamos de ella. Bueno, sí. Pero es que el verano no parecía verano sin escuchar a sus protagonistas silbar su pegajosa y archiconocida sintonía mientras paseaban en bici.

La de hoy es sólo una entrada de presentación. Tengan por seguro que estos chicos y algunas de sus míticas aventuras volverán a aparecer por aquí. El verano es largo. Y azul.

Verano azul, Créditos de apertura, 1981.

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