Durante los años 80, Televisión Española incluyó en su programación vespertina infantil y juvenil una serie de contenidos llegados desde prácticamente todas partes de Europa y que abarcaban desde documentales producidos bajo el paraguas —nunca mejor dicho, porque ese era el logotipo que presentaban— de la UER, hasta producciones rodadas en países del bloque comunista. A finales de la década, incluso, se llegó a emitir un programa contenedor cuya existencia no recordaba y que he redescubierto hace poco, que bajo el título de La linterna mágica buscaba fomentar el interés de los menores por el cine, a través de la emisión de cortometrajes europeos, ya fueran de imagen real o de animación rusa y checoslovaca, documentales de carácter cinematográfico, películas o miniseries.

Fue la época en la que se programaron también series como la alemana Ravioli, la germano-polaca Los niños del molino del valle, la danesa Cuando Lotte se volvió invisible y una, cuyo título soy incapaz de recordar, que narraba las peripecias de un grupo de personas llegados desde el futuro a bordo de un Niva para buscar el cuarto cuaderno escrito por un eminente científico su época —y adolescente en la actual— que contenía la clave para evitar la destrucción del planeta y, casi con total seguridad, se desarrollaba en un país de la Europa del Este.

Pero, quizá, la serie más emblemática de esa época fue La tía de Frankenstein, una coproducción de televisiones de cinco países —entre ellas TVE— emitida dentro de La linterna mágica y que contaba con la presencia de los españoles Sancho Gracia y Mercedes Sampietro. La serie, de apenas siete episodios, narraba las peripecias de un nieto del doctor Frankenstein que recibía la visita de su tía justo cuando trataba de emular los pasos de su abuelo, dando vida a su propia creación.

Los intentos de la tía por cambiar el estilo de su sobrino, ayudada por una serie de personajes sobrenaturales que viven en el castillo, unidos a la obsesión de un aldeano empeñado en detener a los miembros de la familia Frankenstein son los ingredientes para dar el necesario toque de humor absurdo a esta serie de la que apenas recuerdo mucho más que unos cuantos flashes. Pero bastan y sobran para que siga durante muchos años más en la memoria colectiva.

La tía de Frankenstein, Créditos de apertura, 1987.

Anuncios