«Ningún “malo” actúa solo. Todo villano que se precie necesita un secuaz», sentenció Alexis esta tarde en el taller de narrativa, antes de afirmar que hasta Gargamel tenía uno y lanzar al aire la pregunta de quién era. El gato Azrael, pensé y, como si de un acto reflejo se tratara, respondí en voz alta. Un par de sonrisas afloraron a las caras de otros tantos de mis compañeros. Y, una vez más, me sentí viejo.

Viejo, pero contento por haber conocido a los pitufos originales.

Los Pitufos, Créditos de apertura, 1981-1990.

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