Aunque pueda parecer que el título de esta anotación anuncie un final anticipado de esta bitácora que en unos pocos días cruzará el ecuador de su existencia, nada más lejos de la realidad. Simplemente trata de hacer un pequeño homenaje a Las Tacañonas, aquellas tres ¿entrañables? solteronas —aunque es posible que alguna fuera viuda— a las que, cada semana, daban vida las hermanas Hurtado en el Un, Dos, Tres.

Su función en el programa estaba clara: tratar de impedir por todos los medios que los concursantes aumentaran su marcador en la primera fase del programa, a la vez que convertían a Mayra en el centro de sus afilados dardos a la hora de criticar el derroche que, a su juicio, suponía el programa. Sus mejores armas consistían en una serie de campanillas y sirenas que hacían sonar cada vez que se agotaba el tiempo o cuando uno de los miembros de la pareja participante cometía un error.

Los pareados con los que explicaban el motivo de su intervención, su tono agudo gritando «¡Repetición!», su forma de entonar el clásico «Escuchemos la voz de los supertacañones» y, por supuesto, su mítico «Campana y se acabó» para señalar el fin del tiempo forman todavía hoy parte de las pesadillas de muchos antiguos concursantes del programa. En el resto de los mortales siguen siendo aquellas frases de Las Tacañonas que de vez en cuando se nos escapan.

Como hoy. Campana y se acabó.

Un, Dos, Tres, Diálogo de Las Tacañonas, 1987.

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