Posiblemente, comenzar cada capítulo de una serie de dibujos animados con una especie de clase de Historia medieval de Castilla —y siempre la misma historia—, no es la mejor idea para atraer y enganchar al público infantil a ese producto audiovisual. Y, sin embargo, tengo que reconocer que esa repetitiva introducción histórica es una de las dos únicas cosas que recuerdo claramente de Ruy, el pequeño Cid, una serie que pretendía acercarnos a la supuesta infancia del futuro héroe castellano y que se me antoja emitida a mediodía, en una época en la que los colegios aún tenían horario de mañana y tarde y, entre uno y otro, nos marchábamos a casa a comer.

Paradójicamente, el otro recuerdo nítido que guardo de esta serie no trata sobre ningún sucedido de la presunta infancia de Rodrigo Díaz de Vivar —si su nombre era Rodrigo, ¿por qué demonios lo llamaban Ruy?—, a la postre objeto de la serie, sino la canción que amenizaba sus créditos finales. Principio y fin, pero nada en medio. Pues igual resulta que la infancia del pequeño Cid tampoco era tan interesante.

Eso sí, como ya advertí hace unos años, vuelvo a dejar claro que no. Que yo recuerde, de pequeño nadie me llamaba así.

Ruy, el pequeño Cid, Créditos de apertura, 1980.

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