“Amigo Félix, cuando llegues al cielo
Amigo Félix, hazme solo un favor
Quiero ir contigo a jugar un ratito
Con el osito de la Osa mayor”

El —siempre inexplicable— dúo musical Enrique y Ana ha pasado a la historia por canciones infantiles tan incalificables como La gallina Cocouaua y otros éxitos cuyas letras es mejor no intentar analizar. Del mismo modo que es mejor no preguntarse que hacía un veinteañero cantando por ahí con una niña de solo ocho años y por qué fue incapaz de encarrilar una carrera musical en solitario cuando se disolvió el grupo. Y por qué acabó torturándonos como tertuliano de dudosa calidad —definición que en la televisión española actual parece ser un pleonasmo— a comienzos de este siglo.

Pero, a lo que íbamos, quizá la canción por la que este imposible dúo musical será más recordado —con permiso de la gallinita de marras— es la que dedicaron a Félix Rodríguez de la Fuente poco después de su fallecimiento, un suceso que conmocionó a prácticamente todo el país. Con un tono bastante tétrico, el tema pretende homenajear al naturalista, haciendo notar la tristeza que embarga a los animales debido a su ausencia.

Sin embargo, personalmente y a pesar de su loable intención, esta canción siempre me dio muy mal rollito. Porque, ya me dirán qué demonios hace una ballena hablando con un caracol o, lo que es aún más improbable, una coneja y una anaconda. Tan demencial como ir a jugar un ratito con el osito de la Osa mayor.

Enrique y Ana, Amigo Félix, 1980.

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