A lo largo de su historia, el mundo de la publicidad nos ha dejado unos cientos de frases y eslóganes que siguen siendo recordados muchos años después de que la mayor parte de la gente haya olvidado la campaña que les dio origen. Para que esto ocurra, no es necesario gastar enormes sumas de dinero en un anuncio completamente original. Es más, me atrevería a decir que el producto que se anuncia es irrelevante. Basta con utilizar una frase que active algún resorte en el público para pasar a la posteridad. Lástima que eso no sea una tarea sencilla.

Sin embargo, el eslogan que nos ocupa hoy lo consiguió. Una simple frase inocente —“Qué suave, ¿es nuevo?”— y que cualquiera de nosotros podría usar en una conversación real, basta para hacer inmortal un detergente recién salido al mercado. Porque, quién no ha respondido nunca “no, lavado con Perlan” a ese comentario. La única pena es que el propio anuncio incluyera la contrarréplica perfecta para el interpelado: “A mano y a máquina”.

Y es que no se puede tener todo.

Perlan, Qué suave, ¿es nuevo?, c. 1984.

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