Ayer fue el cumpleaños de mi primo y, no sé por qué, en estos diez años casi siempre me ha cogido fuera de la Isla. Esta vez, sin ir más lejos, llegué casi a media tarde a la celebración, después de haber asistido en los dos días anteriores a una nueva edición del EBE. Mientras estaba en el Aeropuerto de Sevilla, esperando para embarcar, no pude evitar acordarme de lo que ocurrió a comienzos de este año, justo cuando comenzaba a madurar la idea de comenzar con este blog.

Una tarde, estaba buceando entre los cientos de vídeos de Barrio Sésamo que esconde YouTube cuando me encontré con la curiosa e inolvidable desventura en la que Tío Pepe intenta ir a buscar agua al río, pero no puede porque hay un agujero en el cubo, y la Tía Pepa intenta darle una solución, sin éxito ya que, tras cada consejo encuentra un nuevo problema que amenaza con acabar con la paciencia de la pobre mujer y la integridad de la mecedora en la que estaba sentada.

Su reacción fue, después de conseguir calmarse del ataque de risa que le provocó la historieta, obligarme a poner el vídeo a todo el que apareció esa tarde por mi casa. Luego, encargarse de localizarlo en YouTube para hacer él mismo lo propio con quien apareciera por la suya o por cualquier otro lugar con acceso a Internet. Ahora, casi once meses después, aún se sabe de memoria todos los gestos de la Tía Pepa. Y, por supuesto, la machacona canción.

Tras atraerlo a la secta de los Muppets, he conseguido enganchado a Fraguel Rock. Se muere de risa cada vez que Sproket aparece en pantalla.

Barrio Sésamo, Tío Pepe y Tía Pepa, c. 1984.

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