Si algo me llamó siempre la atención de los gremlins, aquellos malvados y asquerosos seres verdes que nacían de los mogwais cuando comían después de la media noche, mucho más allá de sus ansias por destruirlo todo, era la fascinación que sentían por el clásico de Disney Blancanieves.

Porque en esta película en la que un padre regalaba a su hijo adolescente un adorable mowgai llamado Gizmo por Navidad, estaba claro que todo se iba a liar justo desde el momento en el que se enunciaban las tres reglas esenciales que la responsabilidad de cuidar a uno de estos inusuales seres requiere: no dejar que le dé la luz del sol, no mojarlo y, sobre todo, no darle de comer después de medianoche. Incumplidas las tres, cualquier cosa vale para acabar con los malvados gremlins. Desde cocinarlos en el microondas a triturarlos con la batidora, pasando por incendiar el cine donde, adorables ellos, tararean presas de la fascinación el archiconocido Hi Ho de los Siete Enanitos.

Sin duda, un nada navideño clásico de Navidad que este año he echado bastante de menos. Sobre todo aquella escena en la que estos adorables monstruitos atacaban a Papá Noel. Pero contar el porqué sería salirme del tema.

Los Gremlins, Los gremlins ven ‘Blancanieves’, 1984.

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